LA ILUSTRACION SEGÚN KANT
La Ilustración puede entenderse como
la liberación del hombre de su minoría de edad o, es decir, la imposibilidad de
servirse de su inteligencia o su criterio sin la guía o el proceso de otro. En
otras palabras, antes de la mayoría de edad es
culpable porque no tiene el valor de pensar por sí mismo y esto se atribuye a dos
tipos de situaciones: internas y
externas. Las causas internas son la pereza
o la falta de voluntad y la cobardía para la toma de decisiones propias. La
pereza porque el hecho de pensar por sí mismo cuesta esfuerzo y la cobardía por
el miedo a liberarse de los procesos y
tomar sus propias decisiones y criterios frente a las acciones de la vida. Las
causas externas son los docentes que trazan el camino que después obligan a
seguir a los demás impidiéndoles ser libres, siguiendo pasos establecidos por
la sociedad y convirtiéndolos en sujetos sin criterio y obedientes, incapaces
de caminar por si solos. Por todo ello, la Ilustración es algo que todos deberíamos
hacer. Atreverte a decidir y a decidir responsablemente con tu vida porque es
nuestro derecho, y solo así le damos un enfoque natural y con criterio a
nuestra propia vida.
La falta de un criterio propio es la
causa principal de que una gran parte de los hombres permanezca, gustosamente,
en minoría de edad a lo largo de la vida, a pesar de que hace ya tiempo la
naturaleza los liberó de dirección ajena; y por eso es tan fácil para otros el
erigirse en sus tutores. ¡Es tan cómodo ser menor de edad! Si tengo un libro
que piensa por mí, un director espiritual que reemplaza mi conciencia moral, un
médico que me prescribe la dieta, etc., entonces no necesito esforzarme. Si
puedo pagar, no tengo necesidad de pensar; otros asumirán por mí tan fastidiosa
tarea. Aquellos tutores que tan bondadosamente han tomado sobre sí la tarea de
supervisión se encargan ya de que el paso hacia la mayoría de edad, además de
ser difícil, sea considerado peligroso por la gran mayoría de los hombres
Las ideas éticas
de Kant son el resultado lógico de su creencia en la libertad fundamental del
individuo, como manifestó en su Crítica de la razón práctica. No consideraba
esta libertad como la libertad no sometida a las leyes, como en la anarquía,
sino más bien como la libertad del gobierno de sí mismo, la libertad para
obedecer en conciencia las leyes del Universo como se revelan por la razón.
Creía que el bienestar de cada individuo sería considerado, en sentido
estricto, como un fin en sí mismo y que el mundo progresaba hacia una sociedad
ideal donde la razón “obligaría a todo legislador a crear sus leyes de tal
manera que pudieran haber nacido de la voluntad única de un pueblo entero, y a
considerar todo sujeto, en la medida en que desea ser un ciudadano, partiendo
del principio de si ha estado de acuerdo con esta voluntad”

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